Resilencia Espiritual

Hablar de una fe sólida resulta sencillo, especialmente cuando experimentamos la presencia de Dios de manera casi palpable en nuestro corazón. Sin embargo, mantener esa fe durante los desafíos de la vida no parece tan sencillo.

La Biblia nos presenta innumerables momentos de redención, de procesos difíciles que muchas personas enfrentaron con incertidumbre, miedo y dolor, pero que Dios ya había destinado para propósitos específicos. En Éxodo 13:17-18, se narra cómo el pueblo de Israel, liberado de la opresión, emprendió el viaje hacia la tierra prometida por un camino diferente al más corto. Dios sabía que enfrentarían obstáculos y que podrían desanimarse si regresaban a la esclavitud, por lo que los guió por un sendero que no tenía retorno visible.

Este ejemplo ilustra la asombrosa manera en que los planes de Dios superan nuestras comprensiones. Dios guió a los israelitas por el camino correcto, no por el más corto ni el más fácil. Aunque en ciertos momentos pudiera parecer que estaban acorralados, Dios deseaba que confiaran en Él, enfrentaran las batallas con las herramientas que les proporcionaba y no volvieran atrás. Pues, aunque en el proceso se presentaran diferentes turbulencias, al pueblo de Israel le esperaba la tan anhelada libertad.

En otro contexto, el escritor Robin Sharman explica que en la vida no existen errores, sino solo lecciones, y esto me ha llevado a reflexionar y pensar que es nuestra capacidad para superar dichas lecciones, lo que determina nuestra manera de vivir. Sin embargo, es importante concientizar sobre lo que significa la palabra “capacidad”. La RAE la define como: «la aptitud, talento o cualidad que dispone alguien para el buen ejercicio de algo», y esta puede hacerse presente cuando nosotros mismos nos disponemos a desarrollarla.

La capacidad de resiliencia y madurez espiritual se manifiesta cuando establecemos y ejercitamos un vínculo personal y de confianza en Dios. Esto desarrolla nuestra capacidad de discernimiento en la Palabra, en nuestras acciones diarias, en nuestras relaciones y, finalmente, en nuestra vida espiritual y confianza en Dios.

Ciertamente, no podemos depositar plena confianza en lo desconocido. Por ello, el primer paso para mantener nuestra luz encendida en medio de procesos difíciles es conocer auténticamente a nuestro Creador. Desarrollar una relación con Dios no solo expande nuestra conciencia en todas direcciones, sino que también nos dota de una conciencia diferente: la espiritual. A través de ella, podemos acercarnos a la madurez en nuestra fe.

Ser conscientes de nuestra fe implica aceptar la existencia de días afligidos en la vida, resultado de diversas circunstancias que varían según el contexto de cada individuo. Algunas veces son consecuencia de decisiones poco sabias, en otras, la propia naturaleza desempeña un papel, y en ocasiones, son efectos de situaciones ajenas que, sin previo aviso, trastocan nuestro camino. Cada una de estas experiencias carga consigo una lección valiosa.

Recordemos cómo ni siquiera Jesús, cuando estuvo entre nosotros, pudo evitar la angustia que sintió precedente ante su muerte. Las Escrituras nos relatan como Jesús también tuvo el alma entristecida, como tú y yo la hemos tenido, pero aún en medio de la angustia, Jesús espero la voluntad de Dios, lo hizo porqué sabía el propósito que Dios tenía con Él. Esta certeza destacada en medio del caos solo pudo consolidarse mediante una relación previa con aquel a quien reconocía como su Padre. Jesús sabía que estaban unidos.

El fruto del propósito que había detrás de ello le dio lugar a una nueva esperanza al mundo y marcó un antes y un después en la historia; esta es la más grande evidencia de lo que Dios puede hacer detrás de ciertos procesos.

Si bien, las situaciones a las que nos enfrentamos siempre forman parte de nuestro crecimiento personal, y aún más espiritual, quedarnos atrapados en el proceso puede llevarnos a una incertidumbre prolongada y a desarrollar emociones que afectan nuestro entorno o relaciones personales, y principalmente nuestra relación con Dios.

Desde luego, cada uno tiene la decisión de aceptar los procesos como mejor los canalice, pero no todos somos capaces de hacerlo con sabiduría. Por ello, dirigirse bajo la mano de Dios se convierte en la respuesta para lograr una mejora constante en nuestra estabilidad y madurez espiritual. Así podremos mantener nuestra luz encendida, brillando en Dios y también, ser guías en momentos de oscuridad para quienes nos rodean.

Bibliografía:

Nueva traducción viviente, Éxodo 13:17-18.

R. Sharman; El monje que vendió su Ferrari.

Rae. (s. f.). Capacidad | Diccionario de la Lengua Española (2001). «Diccionario esencial de la lengua española». https://www.rae.es/drae2001/capacidad

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