Alguna vez te has preguntado si ¿tu estilo de liderazgo se parece al de Jesús?, ¿qué características del modelo del Maestro se ven reflejadas en tu persona? Para dar respuestas a estas interrogantes debemos transitar por el camino de una profunda reflexión personal en donde nos encontremos frente a nosotros mismos y descubramos si nuestras acciones reflejan o no el verdadero corazón de Cristo en nuestro liderazgo.
Tal vez algunos piensen que ellos no son líderes, pero la realidad es que siempre todos ejercemos algún tipo de liderazgo. Ser líder significa tener influencia sobre una o más personas; así que, sí somos padres, hijos, abuelos, tíos, empleados, vecinos, pastores, obreros, entre otros, entonces somos líderes, lo que significa que todos somos líderes.
La pregunta no es si somos o no líderes, sino más bien ¿qué tipo de líder somos? y ¿qué resultados está teniendo mi estilo de liderazgo? Porque el impacto de un buen líder se mide por los resultados de su equipo.
En los cuatro evangelios de la Biblia encontramos el mejor manual que muestra el más excelente modelo de liderazgo: el de nuestro Señor Jesucristo.
El método de liderazgo de Jesús es el más efectivo que ha ocurrido en la historia del mundo. No importa en qué posición de liderazgo nos encontremos siempre tendremos influencia sobre alguien y eso significa que somos líderes; sin embargo, hay varios estilos de dirigir y liderar, por ello, se requiere tener claro cuáles son esos elementos que debemos reflejar en nuestra vida como líderes.
¿Por qué es importante tener desarrollado un sólido y efectivo estilo de liderazgo? Proverbios 11:14 (NTV) dice que “sin liderazgo sabio, la nación se hunde”, así, todos los equipos de trabajo que tienen un buen líder prosperan. También lo menciona Proverbios 28:2b (NTV): “En cambio, con líderes sabios y entendidos viene la estabilidad”; esta realidad se aplica a todos los ámbitos, en la familia, en un equipo de trabajo, en la Iglesia. La persona líder tiene la responsabilidad de llevar a los suyos a crecer, ya que si no lo está haciendo bien se verá reflejado en sus malos resultados.
Lo importante es seguir el modelo de Jesús, que es eterno[1]. Para poner en práctica este modelo lo primero que debemos entender es que este estilo es transformacional, es decir, lleva a experimentar una verdadera y auténtica metanoia, la cual se refiere a un proceso de transformación o conversión que surge en una persona al conocer el evangelio y reconocer a Jesús como su Señor y salvador.
Por lo anterior, nuestras vidas deben reflejar una auténtica transformación, donde nuestro estilo de liderazgo en el contexto cristiano esté profundamente enraizado en el corazón y la actitud de Jesús, quien es el modelo supremo de liderazgo.
Características clave del estilo de liderazgo de Cristo
Jesús demostró el manejo y dominio de habilidades propias del liderazgo, y este modelo sigue vigente aún con el paso del tiempo, pues como ya dijimos, es eterno:
Servicio. Mostró un trato servicial desinteresado y amor por las personas. Cuando Jesús toma la última cena con sus discípulos previo a su crucifixión nos regala una poderosa enseñanza sobre la humildad y el servicio. En medio de la quietud de la noche el Maestro toma la iniciativa para despejar dudas de cómo deben actuar los verdaderos líderes: se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido (Juan 13:4-5).
Humildad. Aprended de mí que soy manso y humilde (Mateo 11:29). Jesús, siendo el Hijo de Dios no estimó ser igual a Él como cosa a que aferrarse, sino que se despojó de sí mismo, sirvió a los hombres y se hizo semejante a ellos. Permaneció firme pese a las tentaciones que enfrentó en el desierto al que fue llevado después de su bautismo y enfrentó cara a cara al tentador, saliendo triunfante y manteniendo en todo momento su humildad y sencillez.
Bienestar. Jesús suscitaba el desarrollo integral de los demás, sin dejar de lado ninguno de los aspectos que conforman al ser humano, como su relación con él mismo, con los demás, con Dios y con el medio ambiente.
Era un activo promotor de la buena salud física, emocional y espiritual. Cuando afirma “he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” se refiere también a que gocemos de buena salud, que vivamos en plenitud y sin enfermedades, pues se caracterizó por proveer a las personas este tipo de sanidad, sanó leprosos, ciegos, paralíticos, cojos, entre otras muchas enfermedades.
«Jesús da oportunidad y capacidad a hombres y mujeres para tener vida abundante y eterna. No quiere que la gente viva en miseria espiritual, económica, mental, o de propósito. Busca la realización total de las personas, el cumplimiento de sus sueños y anhelos.»[2]
Dignificar a las personas. Otra de las características que resaltan del estilo de liderazgo de Jesús es su constante interés por mirar a los sectores más desfavorecidos para dignificarlos como seres humanos igual de importantes que todos los demás dejando de lado la discriminación, racismo y edadismo.
Trato compasivo. Uno de los aspectos que resaltan del estilo de liderazgo de Jesús es su trato compasivo hacia todas las personas por igual, sin importar sus errores o faltas, sin mirar su posición social, rango, tipo de trabajo o condición económica el Señor Jesús muestra un carácter compasivo hacia las personas con el propósito de que se sientan amados, aceptados, perdonados e integrados.
Sin duda hay muchas más características del modelo de liderazgo de Jesús, pero estas son las que más a menudo representan un reto para las personas que tratamos de seguir sus pasos, pues nuestra naturaleza pecaminosa nos mueve, a veces de forma inconsciente, a buscar ser servidos antes de servir a los demás, de adoptar un sentido de superioridad alimentado por el ego que se sostiene de los halagos y elogios provenientes de las personas que nos rodean.
Es importante tener claro que «el líder servidor reconoce la tremenda responsabilidad de hacer todo lo posible para nutrir el crecimiento de los seguidores y reconocerlos como personas con sus propios espíritus especiales y únicos.»[3]
Las múltiples actividades en las que nos envolvemos y el acelerado estilo de vida en el que estamos inmersos puede poner en riesgo nuestro bienestar integral, sin tomar tiempo para nosotros mismos, para cuidar nuestra alimentación, mantener una constante comunión con Dios a través de nuestra vida devocional y de oración, de disfrutar de la contemplación y muchas otras actividades que alimentan nuestro bienestar integral en busca de esa vida plena y abundante que Jesús nos ofrece cada día.
Otro de los desafíos es sustraerse de una cultura de segmentación, de división de clases sociales en las que de manera deliberada dejamos fuera de nuestro círculo a quienes no comparten las mismas características que nosotros, tales como la edad, estatus social, origen ético, entre otros muchos aspectos que nos mueven a convivir solo con quienes se parecen a nosotros, la denominada Ley de la Semejanza, la cual se puede resumir en que “tu mejor amigo se parece a ti”, pero Jesús nos deja un reto mucho mayor, el de dignificar a aquellos que son excluidos por ser diferentes. El Señor nos llama a ofrecer un trato digno para todas las personas sin importar sus errores o fallas, recibirlos y manifestar a través de nuestras acciones el gran amor que Dios les tiene a todos.
Jesús nos demuestra que un líder de éxito ejerce un trato compasivo a sus semejantes, los alienta a dejar sus malos caminos y someterse a un constante y progresivo proceso de transformación desde dentro hacia afuera.
Es tiempo que reflexionemos cuál ha sido nuestro papel en la iglesia, si realmente llevamos acciones de promoción de una cultura de humildad y apertura que refleje verdaderamente el corazón de Cristo, o seguimos siendo líderes autoritarios y tradicionales que se resisten al cambio y a la renovación espiritual de nuestras comunidades. Asumamos el reto de contribuir de manera constante a que las congregaciones cumplan su misión de manera más efectiva y con un impacto duradero.
¿Qué aspectos resaltan de un liderazgo conforme al corazón de Jesús?
Jesús demostró ser un dirigente íntegro, con valores y principios sólidos, y con una clara visión de lo que quería lograr y su propósito para el cual fue llamado. Sabía cómo conseguirlo y lo hizo tal y como el Padre lo esperaba. La clave principal es que su propia vida era el gran y mayor ejemplo. Aquí es donde resulta transcendental encontrarnos con Jesús, pero también hallarnos a nosotros mismos, mirarnos en el espejo y cuestionarnos sí nuestras acciones, pensamientos, actitudes y palabras van acorde al ejemplo que nos dejó el Maestro.
Para dar inicio al proceso de ejercer un liderazgo conforme al corazón de Jesús es necesario que haya una transformación personal, es decir, que empecemos por renovarnos por dentro, por reconocer que nos equivocamos, que constantemente fallamos, que somos pecadores y, por lo tanto, necesitamos de Dios y su Hijo Jesucristo. Cuando iniciamos el proceso de perfeccionar nuestro propio liderazgo y nos damos cuenta de las propias fallas hemos dado un paso importantísimo en nuestro crecimiento como líderes con una influencia positiva y sobre todo líderes conforme al corazón de Jesús.
Una vez que dimos el paso de renovar nuestras concepciones de la realidad basados en el modelo de Jesús estamos preparados para avanzar hacia el siguiente nivel, el de liderar “uno a uno”, empezar por guiar a otra persona, a convertirlo en nuestro discípulo, a ayudarlo, instruirlo y potenciar su crecimiento espiritual. Tal como lo hizo Jesús con cada uno de sus discípulos en su trato puntual y personalizado de acuerdo con la situación particular de cada uno.[4]
Luego, estaremos preparados también para ejercer ese liderazgo con un equipo de trabajo ya sea la familia, el Consejo de Ancianos, el Cuerpo Pastoral, el grupo Femenil, Varones, Jóvenes o el conjunto de personas al cual dirigimos. Lo relevante es que el crecimiento sea gradual y nos sigamos preparando para seguir avanzando en el conocimiento de Jesús, en sus enseñanzas, en sus acciones y en su gran e invaluable legado para nuestras vidas.
Jesús transformó la realidad de muchas personas, construyó un equipo de trabajo de primer nivel, los entrenó, les enseñó cómo vivir, y los resultados de este gran trabajo de Cristo siguen impactando al mundo.[2] Los principios y valores que nos dejó como enseñanza deben ser la base de nuestros liderazgos para que a través de nuestra propia transformación las personas a las que lideramos también sean convertidas de forma positiva, así como Jesús lo hizo con todos los que convivió durante su estancia en esta tierra.
Es tiempo que tomemos las oportunidades que Dios nos ofrece para renovarnos en el Espíritu, para refrescar nuestro estilo de liderazgo que sea conforme al corazón de Cristo, que nos sumerjamos en este proceso de transformación para revitalizar nuestra fe y para prepararnos en ser verdaderos agentes de cambio en nuestras comunidades de fe.
Tomemos los desafíos que trae consigo este año 2025, rompamos con inercias de estilos de liderazgo que no han tenido buenos resultados, abramos nuestra mente y corazón para estar dispuestos a experimentar cambios significativos que sean conforme al modelo supremo de Jesús.
Bibliografía
[1] Hebreos 13:8, La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, Tyndale House Foundation, 2010.
[2] S. Torres Fonseca, «Jesús y el liderazgo de hoy: transformacional, ético, de resultados,» 21 Octubre 2021. [En línea]. Available: https://www.linkedin.com/pulse/jes%C3%BAs-y-el-liderazgo-de-hoy-transformacional-%C3%A9tico-torres-fonseca/.
[3] F. J. John, «The Leadership Style of Jesus and its influence in Select Christian Higher Education Institutions of Kerala,» IUJ Journal of Management, pp. 87-99, 2022.
[4] K. Blanchard y P. Hodges, Un líder como Jesús: Lecciones del mejor modelo a seguir del liderazgo de todos los tiempos, Nashville, Tennessee, Estados Unidos: Grupo Nelson, 2006.

