Revitalizar la Iglesia

Seguramente te habrás dado cuenta de que existen iglesias que crecen y se multiplican, pero también un buen número de ellas se estancan o experimentan declive. Otras son más grandes que sanas. Cuesta aceptarlo, pero es cierto, muchas congregaciones han enfermado y algunas otras han dejado de crecer, aun aquellas que en algún momento fueron una “gran iglesia”, ahora están experimentando baja asistencia y débiles finanzas.

Es de esperar que esto provoque desánimo, tristeza y frustración entre los miembros y líderes, no es sencillo admitir que la iglesia donde nos formamos, crecimos y trabajamos durante años no se parecen a aquella que tuvo sus tiempos de gloria. 

El apóstol Pablo es conocido como “apóstol de los gentiles” por su clara identificación misional con este grupo. Pero también, es cierto que su ministerio incluyó la revitalización de iglesias; en sus viajes misioneros visitaba a los hermanos de las ciudades donde había predicado para ver cómo estaban y animar a las iglesias. Gran parte de su ministerio estuvo dedicado a pasar a las iglesias en decadencia a fin de confirmarlas en la fe. Si las iglesias de su tiempo sufrieron esta situación no debiéramos sentirnos reacios a admitir que las nuestras lo pueden hacer.

Por poner un ejemplo, la iglesia de Éfeso era una de las congregaciones más importantes del primer siglo de la era cristiana. Pablo fue quien la fundó con ayuda de Aquila y Priscila y permaneció tres años allí, más tiempo que en cualquier otra iglesia. Allí, el gran predicador Apolos fue discipulado y otras iglesias de la región vieron sus inicios en ese lugar.

A medida que la iglesia crecía muchas personas abandonaron la religión idolátrica, especialmente la adoración a la diosa Diana, que había sido muy lucrativa en esa zona y, por lo tanto, los artesanos locales temían perder sus empleos en poco tiempo. En otras palabras, el impacto de los creyentes en Éfeso fue tal, que estaban poniendo el mundo al revés.

Éfeso fue una gran iglesia que había logrado sobresalir desde sus inicios. Antes de despedirse de ellos, Pablo les advirtió a los líderes acerca de la necesidad de permanecer firmes frente a las dificultades venideras. En Hechos 20:28-31, les dijo: Por lo tanto, estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre. Sé que cuando yo me vaya vendrán otros que, como lobos feroces, querrán acabar con la iglesia. Aun entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán mentiras para que los creyentes los sigan. Estén alerta; acuérdense de que durante tres años, de día y de noche, no dejé de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.

La realidad es que después de que Pablo se fue, falsos maestros y líderes dominados por su ego, comenzaron a perjudicar la iglesia al punto de hacerla decaer. Posteriormente, el apóstol escribió a Timoteo: Cuando partí hacia Macedonia, te rogué que te quedaras ahí en Éfeso y que frenaras a esas personas cuyas enseñanzas son contrarias a la verdad (1 Timoteo 1:3, NTV). 

Sin embargo, a pesar de las instrucciones de Pablo y los mejores esfuerzos de Timoteo, la iglesia de Éfeso finalmente se vio enfrentada a la decadencia. En Apocalipsis, Jesús le advierte que si no se arrepentía pronto sería juzgada: Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido (Apocalipsis 2:1-5).

Por este mensaje observamos que el ministerio y las recomendaciones de Pablo tuvieron algunos efectos positivos, ya que los efesios eran conocidos por su discernimiento en cuanto a los falsos apóstoles y maestros. Sin embargo, habían abandonado su primer amor, habían caído en una ortodoxia muerta, y estaban a punto de perder su “candelero”. 

No obstante, Jesús les orienta que un primer paso para revertir esta tendencia hacia la muerte de la iglesia de Éfeso es “recordar”. “Recordar de dónde has caído”, esto no quiere decir que vivamos sumidos en la nostalgia del pasado y en los momentos de crisis o glorias vividas, sino en recuperar la esperanza y el ánimo de las cosas que Dios ha hecho en la congregación. A la luz de esto, te animo a:

• Conocer el origen de tu iglesia local, personas y eventos importantes que la han marcado, así como valorar las lecciones aprendidas. 

• Aceptar que tu iglesia local está insertada en la historia de salvación que Dios sigue obrando en el mundo. Lo que Él ha hecho en el pasado lo puede hacer una vez más. 

Un segundo paso, es aceptar que “necesitamos arrepentirnos”. Solo el arrepentido hace conciencia de que la gracia está disponible para él. Una iglesia que experimenta la gracia puede obrar con toda la potencia del Espíritu Santo.

El tercer paso es enfatizar la responsabilidad personal, “hacer las obras primeras”. Desde que se cometió el primer pecado las personas han sido expertas en culpar a otros y victimizarse. Muchas iglesias en deterioro se consideran “víctimas” de las circunstancias o de los errores de otros líderes y pastores. Por eso, es necesario cambiar esa mentalidad asumiendo el desafío de ser los protagonistas en el trabajo de revitalizar la iglesia. 

De lo anterior, te quiero afirmar, no es una opción no hacer nada o continuar haciendo lo mismo. No podemos ser pastores o líderes y quedarnos ajenos a la realidad de la iglesia y la vida de las ovejas, no podemos guiarlas desde lejos ni podemos sencillamente asumir un ministerio que se conforme con sobrevivir.

Si deseamos colaborar con Dios en edificar una iglesia que vive y vibra la espiritualidad, será necesario crear estructuras de trabajo diferente, buscar la comunión y participación de todos. Mantener una visión enfocada en la revitalización de la iglesia, en ministerios eficaces, miembros entusiastas y conversiones frecuentes.

Los nuevos contextos interpelan nuestra fe y nos llaman a la búsqueda de respuestas significativas para enfrentar los nuevos desafíos a la luz de la Palabra que se nos ha comunicado. Las estructuras nuevas son como vasijas nuevas para el vino nuevo. 

Todos estamos llamados a escuchar con atención y discernir lo que el Espíritu está diciendo a la iglesia. Nuestro pasado puede explicar nuestro presente y ofrecer elementos para seguir adelante en la búsqueda de una fe mejor comprendida. Hoy tenemos iglesias en decadencia y algunas más lo estarán en un futuro. Por eso, es importante contar con una estrategia bíblica para revitalizar la iglesia. Dios nos ayude en este proceso. 

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